Todo está como siempre, pero nunca es nada igual que antes. Cada recoveco, cada suspiro, esconde la esencia de lo que un día fue y no volverá a ser. Cada recoveco, cada suspiro, se tiñe de nuevos matices que configura un escenario todavía pendiente de conocer.
Este instante obliga a volverse a dejar seducir por aquello que nos ha hecho fuertes, a patear con esas mismas fuezas lo que nos retiene en un eterno standby, a abrazar con lujuria esos imprevistos que han pasado a fomar parte de unx... a reconciliarse con las transiciones de la vida.
Reencontrarse, recordar, retomar, recoger... reestructurar. Añadir peldaños a una escalera que no se sabe si es de subida o de bajada. Bajar y luego subir, subir para de nuevo volver a bajar. Despistar al personal con el cuento ese de que no se sabe si lxs gallegxs subimos o bajamos... ¡Pues quizás el cuento sea cierto!
Refugiarse en un búnker de soledad y echarle el freno a eso que llaman vida. Concederse el espacio para sepultar la luz, para enterrar el ruido. Olvidarse de que hubo un ayer y de que probablemente habrá un mañana. Perder de vista incluso un presente remolón y perezoso, que observa con apatía una montaña de cadenas cuya función se desdibuja por momentos.
Recuperar los sueños... permitirles crecer, mutar, degradarse en una amplia gama de colores. Seguirlos con la mirada, escuchar sus tímidos susurros, deleitarse con su dulce aroma y su tacto suave. ¿Dejarles marchar?
Cerrar los ojos y respirar... respirar el frío viento de otra navidad sin su aliento.
martes, 25 de diciembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
Viaje sin equipaje
Necesito un momento para reconciliarme con las teclas, fundirme en este instante, hacer oídos sordos a todo sonido que no sea el loco baile de mis dedos sobre ellas. Necesito embriagarme de soledad y olisquear la luna que, al igual que yo, se esconde dejando ver tan solo una pequeña parte de sí. Necesito quizás este momento para ordenar o desordenar, ¿qué sé yo?, quizás ni siquiera se trate de eso, sino simplemente de la perseverancia de un mono no atendido.
Se puede bucear en búsqueda de un "algo" que explique, que amaine, que mime. Y siempre hay "algo" que se deja encontrar, aunque no sea su intención ni explicar, ni amainar, ni mimar, sino simplemente ventilar, remover, salpicar. La noche me llama y salgo a caminarla, fijando contra el suelo un poquito de odio a cada paso, deshaciéndome de él o simplemente prestándole la atención que de mí reclama.
Y ahí está, sin yo advertir apenas su presencia: un muro de contención que me anquilosa y me impide probar el agua de este incierto mar que se extiende ante mí, y cuya temperatura es inquietantemente estimulante. Su sonido me atrae y atrapa, y sus olas me entretienen divertidas. ¿Y yo? En la orilla, observando, esperando a no sé muy bien el qué, dejando que la marea se lleve consigo la vida, mientras conmigo se queda la desidia.
Mientras el sueño va haciendo más patente el peso de mis párpados, y el sonido de las teclas continúa ejerciendo su narcótica función, los miedos y los deseos se estrechan la mano para echar un pulso cuyo vencedor es hoy desconocido. Viaje hacia dentro motivado por la ignorancia más absoluta de la identidad de la persona que lo experimenta, extraviada entre anáforas y epíforas que cansinas me obnubilan arrancándome del presente. Deshagamos la maleta, pues, que esta travesía requiere la ausencia de equipaje.
Se puede bucear en búsqueda de un "algo" que explique, que amaine, que mime. Y siempre hay "algo" que se deja encontrar, aunque no sea su intención ni explicar, ni amainar, ni mimar, sino simplemente ventilar, remover, salpicar. La noche me llama y salgo a caminarla, fijando contra el suelo un poquito de odio a cada paso, deshaciéndome de él o simplemente prestándole la atención que de mí reclama.
Y ahí está, sin yo advertir apenas su presencia: un muro de contención que me anquilosa y me impide probar el agua de este incierto mar que se extiende ante mí, y cuya temperatura es inquietantemente estimulante. Su sonido me atrae y atrapa, y sus olas me entretienen divertidas. ¿Y yo? En la orilla, observando, esperando a no sé muy bien el qué, dejando que la marea se lleve consigo la vida, mientras conmigo se queda la desidia.
Mientras el sueño va haciendo más patente el peso de mis párpados, y el sonido de las teclas continúa ejerciendo su narcótica función, los miedos y los deseos se estrechan la mano para echar un pulso cuyo vencedor es hoy desconocido. Viaje hacia dentro motivado por la ignorancia más absoluta de la identidad de la persona que lo experimenta, extraviada entre anáforas y epíforas que cansinas me obnubilan arrancándome del presente. Deshagamos la maleta, pues, que esta travesía requiere la ausencia de equipaje.
viernes, 27 de julio de 2012
¿Será la magia? La magia es
Los relojes mienten, definitivamente. De algún tipo de subterfugio se tienen que servir para que sus agujas avancen rabiosas mientras estoy contigo, y para que apenas se muevan en tu ausencia. Quizás sea obra de algún travieso duende que se esconde entre sus engranajes para con ellos rascarse la espalda. A lo mejor una ilusión óptica es la responsable de tan extraña percepción. También pudiera ser consecuencia de un salvaje desplazamiento del eje terrestre. Por poder... podrían ser muchos los motivos que de esta manera desconfiguran el tiempo, pero el más convincente de todos ellos, siempre será la magia.
Es la magia la que nos transporta a un oasis de sosiego en medio del brutal ritmo urbanita, y también quien nos dota de un nuevo código de comunicación que hace delicioso cada encuentro. Agita cariñosa las hojas de los árboles, dibuja mimosas nubes en el cielo y proyecta misteriosas sombras sobre nuestra piel invitándonos a huir del mundo.
No cabe duda de que es ella la que nos atrapa y nos somete a su fluir, la que estornuda sobre nosotrxs contagiándonos su cálida dolencia, la que a través de un choque de nuestros cuerpos genera una tormenta eléctrica que entre truenos y relámpagos lapida nuestra voluntad de control... la que en un suspiro decide que te instales en mi interior.
No cabe duda de que es ella la que nos atrapa y nos somete a su fluir, la que estornuda sobre nosotrxs contagiándonos su cálida dolencia, la que a través de un choque de nuestros cuerpos genera una tormenta eléctrica que entre truenos y relámpagos lapida nuestra voluntad de control... la que en un suspiro decide que te instales en mi interior.
lunes, 16 de julio de 2012
Danza del agua
No hay caminos en el horizonte, pero sí la certeza de que sigo existiendo, de que sigo necesitando caminar. Respiro y me entrego a la incertidumbre, me hundo en el miedo y me dejo acorazar por una indiferencia que en realidad no siento.
Pero a pesar de todo... me encanta que el sol me arañe la piel, que el agua me atrape en su suave movimiento, que el mundo se distorsione entre sus ondas. Y me encanta tu confusa presencia, tu mirada pícara y el remolino que se forma a tu alrededor cada vez que decides reducir la distancia entre tu cuerpo y el mío.
Huyo de mí huyendo de ti. Me escabullo entre alborotadas corrientes impidiendo que tus manos me aferren con fuerza contra tu pecho, pataleo histérica al no poder encontrarme con tus labios, grito desesperada por ser incapaz de obedecer a ese impulso que travieso me susurra lo que no quiero oír.
Y sí, podría diseñar con mis dedos un escenario distinto, podría ignorar la existencia de esas zarzas que se interponen entre tú y yo, podría customizar tu cuerpo con mi boca y podría también tatuar mi nombre en tu lasciva mirada. Podría... pero el tiempo se me escapa y tú con él. Las oportunidades de redescubrirnos se desvanecen en el calendario y los minutos sepultan tu voz bajo los escombros de una ilusión derruida.
Quizás en la próxima tirada, los dados nos regalen otro momento juntxs, y pueda entonces fulminar las excusas que encadenan mi cuerpo a la huída y el mutismo. Resignada de momento a tenerte solamente en mis recuerdos, prometo danzarte al son de los tambores y sentirte en cada gota de agua.
Pero a pesar de todo... me encanta que el sol me arañe la piel, que el agua me atrape en su suave movimiento, que el mundo se distorsione entre sus ondas. Y me encanta tu confusa presencia, tu mirada pícara y el remolino que se forma a tu alrededor cada vez que decides reducir la distancia entre tu cuerpo y el mío.
Huyo de mí huyendo de ti. Me escabullo entre alborotadas corrientes impidiendo que tus manos me aferren con fuerza contra tu pecho, pataleo histérica al no poder encontrarme con tus labios, grito desesperada por ser incapaz de obedecer a ese impulso que travieso me susurra lo que no quiero oír.
Y sí, podría diseñar con mis dedos un escenario distinto, podría ignorar la existencia de esas zarzas que se interponen entre tú y yo, podría customizar tu cuerpo con mi boca y podría también tatuar mi nombre en tu lasciva mirada. Podría... pero el tiempo se me escapa y tú con él. Las oportunidades de redescubrirnos se desvanecen en el calendario y los minutos sepultan tu voz bajo los escombros de una ilusión derruida.
Quizás en la próxima tirada, los dados nos regalen otro momento juntxs, y pueda entonces fulminar las excusas que encadenan mi cuerpo a la huída y el mutismo. Resignada de momento a tenerte solamente en mis recuerdos, prometo danzarte al son de los tambores y sentirte en cada gota de agua.
domingo, 10 de junio de 2012
Pon la mano en el fuego
Juguemos a algo nuevo. Dinamitemos hándicaps. Moldeemos voluntades propias y ajenas. Transformemos los "quiero" en "¡debo!". De mi parte corre el inventar un rincón en el que el instinto se libere y facilite el encuentro de nuestro deseo, tejer la fantasía perfecta para que te pierdas en ella, construir un denso muro que nos aisle de la ambigua realidad y recrear un lecho silvestre en el que nuestros cuerpos tengan la oportunidad de dialogar.
Déjate caer, que yo seré tu almohada, y adéntrate sin miedo en mis labios. Tropieza en mi pecho y regálame tu aliento, dibujando en mi piel un travieso camino que desconozca sus lindes. Enciende con tu lengua la fogata de mi vientre, mientras yo de camino pruebo tu ombligo. Dedícame una sonrisa tuya, que te haré desconocer a la mujer que fui hace un segundo.
Obsérvame a través del fuego y atrévete a quemarte. Viaja por mis piernas y descansa allí donde se despierte tu sed. Déjame buscarte entre las llamas y descubrir tus brazos incandescentes. Perdámonos en la lumbre, que el día se ha olvidado de nosotrxs y la noche acudirá discreta en nuestra búsqueda. Déjala venir, que nos bañe la luna con sus mareas, que nos tiña de sal y nos devuelva la oportunidad de poder volver a encontrarnos.
Déjate caer, que yo seré tu almohada, y adéntrate sin miedo en mis labios. Tropieza en mi pecho y regálame tu aliento, dibujando en mi piel un travieso camino que desconozca sus lindes. Enciende con tu lengua la fogata de mi vientre, mientras yo de camino pruebo tu ombligo. Dedícame una sonrisa tuya, que te haré desconocer a la mujer que fui hace un segundo.Obsérvame a través del fuego y atrévete a quemarte. Viaja por mis piernas y descansa allí donde se despierte tu sed. Déjame buscarte entre las llamas y descubrir tus brazos incandescentes. Perdámonos en la lumbre, que el día se ha olvidado de nosotrxs y la noche acudirá discreta en nuestra búsqueda. Déjala venir, que nos bañe la luna con sus mareas, que nos tiña de sal y nos devuelva la oportunidad de poder volver a encontrarnos.
sábado, 9 de junio de 2012
Torciendo la esquina de la soledad
Una canción infantil me roba la última sonrisa, me traslada al último rincón de felicidad que en esta expedición me quedaba por visitar. Camino un par de calles, tuerzo la esquina de la soledad y la penumbra se cierne sobre lo que hasta hacía un momento se extendía frente a mí. Desaparece el mundo, tan perfecto como lo había conocido. Se abre un precipicio en torno a mí y los fuertes vendavales que nacen a mi alrededor le toman un pulso a mi equilibrio para acabar una vez más conmigo. Me caigo...

La presión del viento en el descenso arremolina mi piel abriendo un surco hacia lo más profundo de mis entrañas. Me arranca el alma y me vacía de mi más pura esencia. Me quedo hueca, vacía, desprovista de todo despojo de vida. Y sigo cayendo...
Aterrizo en esa vieja tierra conocida donde todo carece de valor, donde cada paso implica hundirse un poco más en el oxidado fango de la desesperación. Desaparece la luz, desaparece el suave tacto de la brisa, desaparece el olor a primavera y desaparece el aliento que hasta ahora mantenía en funcionamiento mis pulmones. Apasionada la muerte me hace el amor, y convierte mi cuerpo en una cuna de gusanos.
No hay mañana después de hoy, no lo hay. No existe la sonrisa, desdentada se esconde tras algún mustio matorral. No hay botiquín, ni cirujía... ni conjuro, ni hechizo que insufle vida a mi corazón necrosado. Arrebujada en los brazos de la desidia pierdo de vista el paraíso y me someto al látigo de la esperanza, que me castiga obstinada antes de partir hacia tierras lejanas... allí donde el aire circule libre del vicio de tu ausencia.

La presión del viento en el descenso arremolina mi piel abriendo un surco hacia lo más profundo de mis entrañas. Me arranca el alma y me vacía de mi más pura esencia. Me quedo hueca, vacía, desprovista de todo despojo de vida. Y sigo cayendo...
Aterrizo en esa vieja tierra conocida donde todo carece de valor, donde cada paso implica hundirse un poco más en el oxidado fango de la desesperación. Desaparece la luz, desaparece el suave tacto de la brisa, desaparece el olor a primavera y desaparece el aliento que hasta ahora mantenía en funcionamiento mis pulmones. Apasionada la muerte me hace el amor, y convierte mi cuerpo en una cuna de gusanos.
No hay mañana después de hoy, no lo hay. No existe la sonrisa, desdentada se esconde tras algún mustio matorral. No hay botiquín, ni cirujía... ni conjuro, ni hechizo que insufle vida a mi corazón necrosado. Arrebujada en los brazos de la desidia pierdo de vista el paraíso y me someto al látigo de la esperanza, que me castiga obstinada antes de partir hacia tierras lejanas... allí donde el aire circule libre del vicio de tu ausencia.
sábado, 2 de junio de 2012
Marchando una de chipironxs!!
A lxs chipironxs!!!...
A la vida le encanta jugar a los dados, y esta vez nos ha tocado a nosotrxs ser sus agradecidas víctimas. En un caldero mágico se vertieron los ingredientes más diversos, más extraños, más poderosos... y el resultado fue un brebaje que no consigue apagar mi sed. Dulce y ácido, salado y amargo, desciende por mi garganta regalándome momentos de embriaguez extrema, agradable locura, encantadora ternura y pasión desmedida.
Pero todo conjuro tiene un efecto limitado en el tiempo, y el de éste comienza a desaparecer para dar lugar a una nueva forma de expresión, desconocida hasta el momento, pero atractiva de cualquiera de las maneras. Así, el brebaje comienza a mutar su sabor, a abandonar el cuerpo poco a poco, a volatilizarse a medida que atraviesa cada uno de los poros de la piel en su inexorable éxodo...
Hoy es la nostalgia el primer síntoma de la abstinencia, mañana ¿qué será? Cientos de fantasmas flotan por la habitación arrancándome sonrisas, mostrándome lecciones a lo largo de este pequeño periodo de tiempo aprendidas, acariciando mi cuerpo y meciéndome en un cálido abrazo que sin duda les devolveré.
Quizás tú, o tú, o tú estés pasando por lo mismo, aunque no sé si tu pinta de brebaje contenía la misma proporción de ingredientes que la mía. La magia tiene infinitas formas de manifestarse, y desconozco si sobre ti ha surtido el mismo efecto que sobre mí. De una cosa no me cabe duda, y es de que "habelas, hailas", e hicieron un gran trabajo mezclándonos en el mismo caldero. Sin pensármelo dos veces me volvería a zambullir en él, esperando en su interior tropezarme de nuevo contigo.
¿Y a lo que viene ahora? ¡No le temas! Si te sientes tensx, ¡tengo el mejor de los remedios!: "cremita cocodrilo le voy a dar". Si es hambre lo que padeces, don´t worry porque "yooo teeengooo ¡un tallarín!", y también "tengo una sandía gorda, gorda, gorda" que en este tiempo de tanto calorcito apetece mogollón. Ante la tristeza, "baila el chipi-chipi, baila el chipi-chipi". ¿Hartx de la monotonía?, pues recuerda que "viajar en tren es lo mejor". Si ya es hora de dormir, podrás hacerlo porque tienes en tu poder una efectiva fórmula: "silencio, silencio, si yo fuera silencio". Y si te sientes solx... no lo dudes, estás invitadísimx a "mi pozo, ¡ole mi pozo!".
A la vida le encanta jugar a los dados, y esta vez nos ha tocado a nosotrxs ser sus agradecidas víctimas. En un caldero mágico se vertieron los ingredientes más diversos, más extraños, más poderosos... y el resultado fue un brebaje que no consigue apagar mi sed. Dulce y ácido, salado y amargo, desciende por mi garganta regalándome momentos de embriaguez extrema, agradable locura, encantadora ternura y pasión desmedida.
Pero todo conjuro tiene un efecto limitado en el tiempo, y el de éste comienza a desaparecer para dar lugar a una nueva forma de expresión, desconocida hasta el momento, pero atractiva de cualquiera de las maneras. Así, el brebaje comienza a mutar su sabor, a abandonar el cuerpo poco a poco, a volatilizarse a medida que atraviesa cada uno de los poros de la piel en su inexorable éxodo...
Hoy es la nostalgia el primer síntoma de la abstinencia, mañana ¿qué será? Cientos de fantasmas flotan por la habitación arrancándome sonrisas, mostrándome lecciones a lo largo de este pequeño periodo de tiempo aprendidas, acariciando mi cuerpo y meciéndome en un cálido abrazo que sin duda les devolveré.
Quizás tú, o tú, o tú estés pasando por lo mismo, aunque no sé si tu pinta de brebaje contenía la misma proporción de ingredientes que la mía. La magia tiene infinitas formas de manifestarse, y desconozco si sobre ti ha surtido el mismo efecto que sobre mí. De una cosa no me cabe duda, y es de que "habelas, hailas", e hicieron un gran trabajo mezclándonos en el mismo caldero. Sin pensármelo dos veces me volvería a zambullir en él, esperando en su interior tropezarme de nuevo contigo. ¿Y a lo que viene ahora? ¡No le temas! Si te sientes tensx, ¡tengo el mejor de los remedios!: "cremita cocodrilo le voy a dar". Si es hambre lo que padeces, don´t worry porque "yooo teeengooo ¡un tallarín!", y también "tengo una sandía gorda, gorda, gorda" que en este tiempo de tanto calorcito apetece mogollón. Ante la tristeza, "baila el chipi-chipi, baila el chipi-chipi". ¿Hartx de la monotonía?, pues recuerda que "viajar en tren es lo mejor". Si ya es hora de dormir, podrás hacerlo porque tienes en tu poder una efectiva fórmula: "silencio, silencio, si yo fuera silencio". Y si te sientes solx... no lo dudes, estás invitadísimx a "mi pozo, ¡ole mi pozo!".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



